Bianca Batlle es hija de madre guineana y padre catalán. Su madre llegó a Barcelona con 12 años a estudiar, cuando Guinea aún era colonia española. Nació en los 80, parte de las primeras generaciones de negros nacidos en la península. Estudió arte y siempre sintió una importante atracción por el cuerpo humano y los retratos, pero la mayoría de sus modelos eran de piel blanca hasta que un día pintó un autorretrato. Nos cuenta que el color cogió fuerza, su piel irradiaba colores saturados y brillantes, dejó de usar el blanco y todo cobró sentido.

Detrás de un artista siempre hay alguna historia que contar... ¿Nos podrías explicar qué tema o temas inspiran tus obras?
En 2010 murió mi madre y empecé un viaje hacia mis raíces a través de la pintura. Pinté a todas las mujeres de mi familia y a día de hoy pinto a aquellas mujeres negras que de una manera u otra se cruzan en mi camino y forman parte de esta diáspora. Los retratos que pinto son de gran formato para dar visibilidad a nuestro colectivo.

¿Quién es tu mayor influencia a nivel artístico?
Mi máximo referente a nivel pictórico es Eduard Munch, me encanta su expresión tan visceral y emocional en todas sus obras.

¿Cómo es tu proceso de creación?
Escojo a una modelo con la que sienta un feeling o conexión. Primero dibujo en lápiz y luego lo paso a color con pintura acrílica. Me gusta que mi pincelada y color sea algo que transmita la emoción y visceralidad que yo siento.

¿Cuánto crees que hay de Bianca en tus retratos?
Todo, supongo. Cada retrato que pinto es un viaje hacia mí misma.

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